viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo III / 3.


                                               

                                                    III.

El pasillo era interminable. O quizás, yo estaba impaciente por terminarlo. Noah y yo caminábamos sin hacer ruido, ella delante y yo detrás. Estaba tan emocionado. Necesitaba volver a respirar aire fresco. Pero claro, eso era un lujo que un muerto no podía permitirse. El problema es que apenas me acordaba. Me sentía más vivo que nunca.
Llegamos a unas escaleras, que subimos con cuidado, y Noah abrió la puerta.
De repente, la luz entró cegándonos completamente e iluminando todo el pasillo. La puerta daba al jardín. Salimos agachados, pues que la puerta era más bien una trampilla, y comenzamos a andar al ver que estaba todo despejado, hasta que acabamos corriendo hacia una de las paredes de la casa. Noah ni siquiera se detuvo antes de atravesarla. Segundos después, la atravesé yo también. La casa era enorme, con techos altos y amplias habitaciones. Aún estaban llenas de cajas por la mudanza.

-Voy a echar un vistazo. Tú espera mi señal. -me dijo Noah, susurrando.

Al cabo de unos minutos, cuando estaba empezando a cansarme de estar escondido detrás de la cortina, llegó el esperado momento.

-¡La casa está vacía! ¡No hay nadie! ¡Yuju! -gritó Noah, eufórica, dando saltos por la casa.

A mí casi me da un infarto. 
Comenzamos viendo la cocina, a medio amueblar, que era enorme. (Quizás demasiado grande para ser una cocina). Según Noah, el estilo no concordaba con la casa, pero yo no entendía de esas cosas. El salón y el baño los vimos de pasada. Estábamos impacientes por subir al piso de arriba. La primera puerta era del dormitorio principal. Había una cama de matrimonio y muchas cajas. 

-Ya sabemos que al menos dos personas viven aquí. -dijo Noah.

Pasamos el aseo y abrimos la última puerta. Era una habitación no muy grande, pero bastante luminosa. Había una cama y un montón de ropa encima, además de algunas cajas.

Noah comenzó a examinar la ropa. De repente, me di cuenta de algo.

-No lo atraviesas. Y tampoco las puertas que hemos abierto. ¿Por qué? -le pregunté.

Noah memiró, sonrió un poco y se sentó en la cama. Parecía una madre a punto de contarle un cuento a su hijo.

-Verás, esta casa es... Especial. En ella se conectan el mundo de los vivos y de los muertos. Estamos más cerca que en ningún otro lugar. Por eso, al estar dentro de ella, es como sí volviésemos a vivir. De hecho, estamos respirando en este momento, aunque nuestro corazón continúa inerte. Es complicado. -me explicó ella.

Era difícil de comprender, pero creo que lo entendí.

-Es una chica. -dijo entonces Noah, sosteniendo un vestido en alto. -O un hombre muy, pero que muy femenino.

Había diversos CDs en la mesa. The Beatles, Pink Floyd, Green day, Queen. Como sí fuera algo automático, cogí el CD de Queen y lo introduje en el equipo de música. Pista 6. Volumen máximo. "Who wants to live forever?" Inundando aquella inmensa mansión. Me senté en el suelo. Nos quedamos en silencio hasta que la canción acabó. Fue como sí estuviera ausente, hipnotizado por la música. 

-Hora de irse. -dijo Noah, al ver que yo no reaccionaba.

Me cogió la mano y, juntos, nos marchamos de allí olvidando que quedaba un tercer piso por explorar. Mi mente sólo podía concentrarse en las borrosas imágenes que pasaban por mi cabeza al ritmo de la canción. Quizás, lo mejor hubiera sido no verlas nítidas jamás.

.......

           3.

"La Casa Maldita". Las palabras de Magie se repetían una y otra vez en mi cabeza. nunca he sido muy amiga de las historias de miedo. De hecho, siempre que podía, evitaba oírlas. Y ahora resulta que mi nueva casa formaba parte de una de ellas, Una leyenda urbana, por supuesto. Aunque realmente, no había llegado a oírla entera. 

Mis padres iban hablando animadamente sobre las simpáticas vecinas que nos habían invitado. Se les veía muy felices. Hacía mucho que no los veía así. Lo que temía es que esa felicidad se esfumara a lo largo del tiempo, cuando la casa ya no sea una novedad para ellos.

Recorrimos de nuevo el jardín. Pero mi actitud había cambiado. Ahora, lo observaba con desconfianza, como si de un momento a otro, fuera a caer en una trampa. Y lo mismo la casa. Sería una mala idea descubrir por qué la llaman Casa Maldita. Pero ¿sería capaz de contener mi curiosidad?

Llegué a mi cuarto y me tiré en la cama, sin importarme la ropa que había encima. "Mañana, visitaré el pueblo" me dije, como nota mental. Decidí escuchar algo de música. En ciertos momentos, lo mejor que puedes hacer es olvidarte de todo y sumergirte en un mar de palabras adornadas por 
acordes de guitarra. Es la mejor forma de aislarte del mundo, 
puesto que es imposible desaparecer. Ojalá fuera tan fácil. Para cada situación de la vida, hay una canción diferente. Ignoro sí en ese momento, "Wish you were here" era o no la canción adecuada, 


pero fue la que elegí. Sin embargo, cuando me disponía a introducir el disco, comprobé con asombro que ya había otro disco reproduciémdose, el disco de Queen. Lo extraño era que yo todavía no había escuchado ningún disco desde que llegamos. Estaba segura. Antes de que me diera tiempo a plantearme su estaba perdiendo la memoria, comenzó a sonar la canción. El volumen estaba al máximo.

Sin darme cuenta, me quedé dormida. Y soñé. No sé muy bien si fue un sueño o una pesadilla. En ella, estaba jugando con Magie al escondite. Ella se quedó contando en el jardín y yo entré en la casa para esconderme. Cuando ya estaba agachada tras el sofá, oí los pasitos de Magie, que venía a buscarme. De repente, la niña comenzó a gritar señalando las escaleras. Yo miré hacia ellas, pero no vi nada. Me acerqué a Magie para tranquilizarla, pero entonces, se desplomó en mis brazos. La tumbé en el suelo, boca arriba, y comprobé con verdadero horror que en su pecho había una mancha de sangre que se iba extendiéndose cada vez más. Me desperté de golpe, con perlas de sudor adornando mi frente. Lo mejor que podía hacer era salir de aquella casa para calmarme, así que lo hice. A pesar de todo, la imagen de Magie muerta iba a ser difícil de olvidar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario